En la era digital actual, la necesidad de almacenamiento portátil y rápido es más crucial que nunca. Aunque existen numerosas opciones comerciales de discos duros externos, construir tu propio SSD externo puede ser una alternativa más económica y personalizada. Este artículo te guiará paso a paso en el proceso de ensamblar tu propio SSD externo, detallando los componentes necesarios, las ventajas de esta elección y algunos consejos técnicos para maximizar su rendimiento.
¿Por qué construir tu propio SSD externo?
Optar por construir tu propio SSD externo ofrece múltiples beneficios:
Ahorro económico: Al seleccionar y combinar componentes por tu cuenta, puedes reducir costos en comparación con las opciones comerciales.
Personalización: Tienes la libertad de elegir la capacidad y velocidad que mejor se adapten a tus necesidades específicas.
Actualización sencilla: En el futuro, podrás reemplazar el SSD por uno de mayor capacidad o rendimiento sin necesidad de adquirir un nuevo dispositivo completo.
Componentes necesarios
Para construir tu propio SSD externo, necesitarás los siguientes elementos:
SSD interno: Preferiblemente un SSD NVMe M.2 debido a su alta velocidad de transferencia.
Carcasa externa: Un adaptador o carcasa que permita conectar el SSD a través de USB, preferiblemente USB-C 3.2 o Thunderbolt 4 para maximizar la velocidad.
Herramientas básicas: Destornillador de precisión y, en algunos casos, disipadores de calor para mantener temperaturas óptimas.
Selección del SSD adecuado
La elección del SSD es crucial para el rendimiento de tu unidad externa. Los SSD NVMe M.2 ofrecen velocidades de lectura y escritura superiores en comparación con los SSD SATA. Por ejemplo, el Samsung 980 PRO M.2 NVMe ofrece velocidades de lectura de hasta 7.000 MB/s y escritura de hasta 5.000 MB/s, siendo ideal para tareas que requieren alta transferencia de datos. Otra opción es el Patriot P300 M.2 NVMe, que, aunque más económico, proporciona velocidades de lectura de hasta 2.100 MB/s y escritura de hasta 1.650 MB/s, suficiente para uso general.
Elección de la carcasa externa
La carcasa o adaptador es el puente entre el SSD y tu dispositivo. Es esencial que soporte las velocidades del SSD seleccionado. Una carcasa Thunderbolt 4, como la de Orico, garantiza velocidades de transferencia óptimas y es ideal para profesionales que manejan grandes volúmenes de datos. Si buscas una opción más económica, una carcasa USB-C 3.2, como la de UGREEN, ofrece velocidades de hasta 10 Gbps, adecuada para la mayoría de los usuarios.
Proceso de ensamblaje
Preparación: Asegúrate de trabajar en un entorno limpio y sin electricidad estática.
Instalación del SSD en la carcasa: Inserta el SSD en la ranura M.2 de la carcasa, asegurándote de que esté bien alineado y fijado con los tornillos proporcionados.
Cierre de la carcasa: Una vez instalado, cierra la carcasa según las instrucciones del fabricante.
Conexión al dispositivo: Utiliza el cable adecuado (USB-C o Thunderbolt) para conectar tu nuevo SSD externo a tu ordenador o dispositivo compatible.
Formateo y preparación del SSD
Antes de usar tu SSD externo, es necesario formatearlo para que sea reconocido por tu sistema operativo:
En Windows: Utiliza la herramienta «Administración de discos» para asignar una letra de unidad y formatear el SSD en el sistema de archivos deseado (NTFS, exFAT, etc.).
En macOS: Accede a «Utilidad de Discos» y formatea el SSD en el formato adecuado (APFS, HFS+, etc.).
Ventajas técnicas de un SSD externo DIY
Velocidad superior: Al combinar un SSD NVMe con una carcasa Thunderbolt 4, puedes alcanzar velocidades de transferencia que superan los 40 Gbps, ideales para edición de vídeo en alta resolución o transferencias masivas de datos.
Portabilidad: Los SSD M.2 son compactos, y al integrarlos en una carcasa externa, obtienes una solución de almacenamiento ligera y fácil de transportar.
Durabilidad: A diferencia de los discos duros mecánicos, los SSD no tienen partes móviles, lo que reduce el riesgo de fallos mecánicos y aumenta su vida útil.
Consideraciones adicionales
Compatibilidad: Asegúrate de que la carcasa y el SSD sean compatibles entre sí y con tus dispositivos. Revisa las especificaciones técnicas antes de realizar la compra.
Gestión térmica: Los SSD NVMe pueden generar calor durante su uso intensivo. Considera carcasas con disipadores de calor integrados o añade pads térmicos para mantener temperaturas óptimas.
Seguridad de datos: Realiza copias de seguridad periódicas y considera el uso de cifrado para proteger información sensible almacenada en tu SSD externo.
Reflexiones finales
Construir tu propio SSD externo no solo es una opción económica, sino que también te permite adaptar el dispositivo a tus necesidades específicas, garantizando un rendimiento óptimo y una mayor satisfacción personal al completar el proyecto. Con los componentes adecuados y siguiendo los pasos mencionados, podrás disfrutar de un almacenamiento portátil, rápido y fiable.
